Este domingo en La Voz Argentina, comenzaron los playoffs y Lali ya eligió los primeros cinco participantes de su equipo que la acompañarán a la próxima etapa del certamen. Los seis restantes quedaron en manos del público y esperan juntar los suficientes votos para seguir en carrera.
El lunes, La Konga debutó como co-coach del team Luck Ra, quien pudo ver los shows de cuatro de sus concursantes y dar su opinión al respecto. Este martes, se conocerán quiénes pasarán de ronda y quiénes se someterán a la decisión de la gente.
Los otros grupos esperan ansiosos su turno. Soledad Pastorutti es quien más cordobeses tiene en su equipo y hoy en La Voz en Vivo hablamos con uno de ellos: Gustavo Rosales.
Un enamorado de Córdoba
Si bien el hombre de 51 años es oriundo de Tucumán, vive en Córdoba Capital desde hace 23 años. “Córdoba siempre fue para mí una provincia extraordinariamente hermosa”, explica en el programa.
Gustavo llegó a nuestra provincia a finales de 1992 con solo 19 años, motivado por su hermano mayor que ya vivía aquí. Detrás del Zoom, rememora su viaje como una “anécdota hermosa” que lo llevó a conocer grandes personas.
“Tenía una bicicleta que había armado yo mismo. La desarmé, la puse en el buche del colectivo, y con mi bolsito, me vine para acá. Así recorrí gran parte de Córdoba. Me manejaba más en bicicleta que en colectivo. Esas dos ruedas fueron mis amigas entrañables. Me bajé en la terminal vieja y quedé enamorado. Sentía que estaba en Disney”, cuenta.
Acá, Gustavo encontró un ambiente propicio para su desarrollo artístico que quizás no había logrado en su provincia natal.
“Esta provincia me abraza en un momento crucial de mi vida. Me siento un cordobés más”, afirma emocionado, aunque si tiene que elegir entre sándwich de milanesa y choripán, se queda con el primero.
La magia de los asados
Rosales no es ajeno a los escenarios. Como contó alguna vez en el programa, desde hace varios años recorre las calles coscoínas como artista callejero, fue ahí donde conoció por primera vez la voz de su coach.
Sin embargo, destaca un tipo de escenario muy particular: los asados. Para él, estos encuentros son “los mejores escenarios” porque permiten al artista “desnudarse ante un público mínimo” y mostrar “la esencia pura del ser humano”.

“En un acto masivo, uno está enfocado en que las cosas salgan bien, especialmente la técnica. En el asado, estás de entrecasa”, señala, a la vez que lo describe como una “terapia grupal extraordinaria”.
“En Tucumán se usa, o se usaba antes de venirme, la famosa sangría. Se armaban con damajuanas de vino puestas en un tacho y se le agregaba miel o caña de azúcar y limón, mucho limón. Eso nos unía a un folklore de canto y truco. En Córdoba, el fernet es el que une, con los amigos y la guitarra”, compara.
El impacto de La Voz Argentina
El artista ya había estado en La Voz Argentina en 2018, pero tras bambalinas acompañando a su hija Agostina. La joven llegó a la misma instancia que está su papá ahora y lo apoya con cariño para que siga avanzando en el juego.
“Lo estamos disfrutando al máximo. Ella está tan ansiosa como en ese momento, pero uno con la edad que tiene lo vive de otra forma. No deja de ser un certamen”, señala.
Ahora, como participante, señala que visibilidad que otorga el programa es innegable, pero a su vez asegura que “uno sigue siendo el mismo”: “Es un impacto importante. El cariño de la gente es genuino”.