Malandro de América es el nombre artístico de Matías Ezequiel Mansilla, cantante de 40 años que se inició en la movida del hip-hop en tiempos en que, en Argentina, había que patear la calle para ganarse el respeto dentro de la escena.
Como pionero, creó sus canciones de manera artesanal y se destacó por composiciones y letras que narran, desde adentro, la realidad de los barrios. Aunque su raíz está en el rap, la jerga barrial y los matices de su voz lo conectan también con el tango, la balada y el rocanrol, entre otros géneros.
Artista versátil e inquieto, del mismo modo que puede armar cumbiones junto con La Delio Valdez o también puede poner su voz al servicio de varios de los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.
Malandro fue recogiendo lo que sembró durante 20 años y hoy disfruta de la popularidad y el reconocimiento masivo que conquistó gracias a un superhit como Amor de vago y a su brillante versión de Trigal, de Sandro, a quien le debe en parte su seudónimo.
En medio de una grabación de videoclip, el artista respondió (vía audios de WhatsApp) las preguntas que le envió La Voz para conocer cómo se prepara para su presentación de este sábado en el Club Paraguay.
El primer tema que se le planteó fue justamente ese, el tiempo acotado en su agenda y la superposición de producciones que tiene. Es que, en los últimos meses, reeditó y publicó Mucho Lov! First Class, con canciones hechas en 2013, y también Destino, un EP junto al joven rapero G5, quien brilla en la escena del freestyle.
“A G5 lo conocí por las movidas y eventos del rap. Pegamos onda y salió la oportunidad de hacer una canción. Vino con su productor, yo estaba con el mío, Zulu, y hubo una conexión entre los cuatro. Se hicieron una, dos, tres canciones, y terminamos logrando un EP. Lo que veo en él es que los pibes de ahora vienen con un chip diferente. El G5 está adelantado 20 años a su edad; por cómo piensa, cómo se maneja y por las cosas que dice”, comenta.
–Seguramente, ve en vos un referente… ¿Vos a quién admirabas cuando empezaste? ¿Quién estaba en la escena?
–Cuando empecé con esto, en 2003 o 2004, miraba mucho a un gran referente de la escena local que es Sergio Sandoval, de la banda Iluminate. También al Brujo, a Mustafa.
Con respecto a la reedición de las canciones de Mucho Lov! First Class, Malandro explicó el por qué de grabarlo nuevamente, ahora con un bagaje notorio y con una mirada perfeccionista en cuanto a lo musical. “Es un disco que salió a fines de 2013 la primera versión y después una long versión en abril de 2014. En su momento lo había hecho con muchos beats de internet y por esa razón no lo pude monetizar ni lo podía subir a Spotify”, añade.
Y cierra: “Siempre me quedó la pica porque la gente me lo pedía y es un disco que trascendió, se convirtió en un clásico. Y bueno, me propuse el desafío de dejarlo a la altura del primer lanzamiento, y esta vez los instrumentales los hizo León Podolski, de La Delio Valdez, junto con los retoques de mi primo el Zulu y los beats de Frane. Toda la producción y el mastering los hizo el Tony Cortés en mi estudio, llamado Jolgorio”.
–¿Cómo tomás lo que pasó con “Amor de vago”? ¿Te movió el piso el hecho de contar con más de 300 millones de reproducciones en plataformas?
–Amor de Vago nació desde divertirnos con los pibes, con Tobías (Medrano) y con Matías (Rapen), los chicos de la T y la M. Yo les llevé la canción que ya la tenía escrita hacía como un año y medio. El estribillo y mi parte, digamos, ¿no? Tenía otra parte, pero la saqué. Tobías escribió su parte, y Matías creó la música, que la hicimos medio dancehall, medio cumbia y la verdad es que no nos esperábamos semejante impacto. A mí me colocó en un mundo más mainstream, por así decirlo, aunque mi esencia sigue siendo la misma. No sé si me movió el piso, creo que no cambié en nada. Simplemente, me dio más prestigio, me puso en otro lugar de la industria siendo todavía independiente. Pero sí, fue un empujón hermoso: 300 millones de reproducciones es impensado.
–¿Qué le decís a la gente que te conoció por la fabulosa versión de “Trigal” en “¡FA!”? Hay fanáticos de Sandro que se emocionaron y te piden más. Tu versatilidad te permite jugar en varios géneros. ¿Está bien si te destacamos como rapero o preferís no encasillarte?
–Para mí, fue un honor hacer Trigal porque soy fan de Sandro desde hace mucho tiempo. No por nada mi alter ego es “el joven Sandro”, esa faceta artística con la que me permito hacer canciones románticas. Me encanta que la gente lo haya recibido de la misma manera en que yo lo encaré: con respeto, con cuidado y con mucho ensayo. Para mí, quedó hermoso, y estoy muy agradecido con quienes lo valoraron, lo respetaron y me hicieron sentir ese cariño. Creo que la versión salió como tenía que salir: con mi impronta. Siempre tuve ganas de poner mi sello en cosas que ya están muy marcadas. Y más allá de que hoy me voy convirtiendo en cantante y probando distintos géneros, yo me siento y me voy a sentir siempre rapero. Olvidate.
–En muchas de tus canciones, hay relatos testimoniales de lo que fue y lo que es la calle. ¿Ves cambios?
–Lo que relato de la calle es lo que aprendí en todo el tiempo que estuve ahí. Todavía ando, me gusta, aunque no como antes, que era 24/7. Y sí, creo que cambió un poco: los pibes ya no están tanto en la esquina, ahora están más con el celu, con las redes, con la movida de los boliches. Igual, en muchos barrios carenciados los chicos siguen en la calle, pero desde un lugar más marginal, porque no les queda otra. Ahí es donde agarran la chispa, donde aprenden cómo manejarse. Hoy internet y las redes sociales hacen que los pibitos se aviven rápido, pero es distinto.
–¿Cómo fue el paso de “Malajunta” a “Malandro de América”?
–De Malajunta a Malandro hay un cambio conceptual: la madurez con la que hoy encaro las letras, distinta a la de 2013, 2014 o 2015. Malandro de América me cierra por todos lados. Siento que el nombre lleva el peso que tiene que tener, como debe llamarse un artista que escribe el tipo de letras que hago yo. Le queda bien: es como el anillo al dedo, el pie para el zapato.
–¿Tenés buena onda con el Indio Solari? Has grabado con varios fundamentalistas (Gaspar, Sergio y Pablo). ¿Hay chances de subirse como invitado en algún show?
–Sí, la verdad es que es una locura que el Indio me conozca. Me ha mandado saludos a través de los muchachos y hasta pudimos intercambiar algunas palabras por Instagram. Para mí es un honor que un artista como él me tenga en su mira, dentro de la música que consume. Lo respeto muchísimo: su historia forjó en gran parte mi manera de moverme en este ambiente y aprendí mucho de él. Y bueno, si algún día se da la posibilidad de subir a cantar con Los Fundamentalistas, yo estaría recontraagradecido. Sería una locura.
Para ir
Malandro se presenta el sábado 28 de agosto a las 23.59 –horario trasnoche– en el Club Paraguay (Marcelo T. de Alvear 651). Entradas desde $ 15.000 en alpogo.com