Todo parece simple: una mujer francesa da clases de francés en Seúl. Poco y nada se sabrá de su pasado. El único dato preciso es que llegó hace unos meses de Corea del Sur. Un poco más tarde, se conocerá que está viviendo con un hombre muchísimo más joven.
De esa situación amorosa se desprende algo parecido a una subtrama. La madre del muchacho es menor que la profesora. Al descubrir la relación, evaluará que no puede ser conveniente para su hijo. Estos son los austeros signos de La viajera. Con tan poco se puede hacer mucho y bien. La película es extraordinaria.
Hay que añadir que la profesora está interpretada por Isabelle Huppert, la mejor actriz francesa de su generación; también, que el mejor cineasta coreano del presente está detrás de cámara y que al lado de la estrella europea la acompaña un elenco que son los intérpretes de las últimas películas de Hong Sang-soo.
No es la primera vez de Huppert con Hong. En otro país y La cámara de Claire son dos comedias preciosas que anteceden a esta nueva, que no es otra cosa que una meditación ligera, pero no superficial, sobre el lenguaje y la identidad. Las tres son disímiles, las tres son luminosas.
Hong filma con un puñado de dólares. El presupuesto no pasa de los 15 mil dólares. En el rodaje son muy pocos los que están detrás de cámara.
Basta un par de locaciones elegidas con atención y un conjunto de interiores adecuados. Suelen ser casas y restaurantes; calles, plazas, ocasionalmente un templo o un cine.
En La viajera, como en todas las películas de Hong, se habla mucho. ¿Qué se dice? De todo, pero bajo la apariencia de un discurrir del habla que imita la naturalidad de las conversaciones cotidianas. Para detectar la sabiduría microscópica que tiñen las tramas, se precisa atender a las frases que se repiten en situaciones y bocas distintas.
En la circulación de las palabras existe una clave.
El método de Iris para enseñar francés es el mismo que emplea Hong para filmar. En La viajera se ven dos clases de idioma.
En ambas las estudiantes tocan un instrumento musical. Una mujer joven toca una pieza en el piano, una mujer de la misma edad que Iris ejecuta otra en una guitarra. Iris empieza con una pregunta, inquiere sobre qué sintieron al hacer música.
Lo curioso resulta comprobar que las respuestas son similares, incluso las subsiguientes, después de que la profesora vuelva a preguntar y pedir precisión en lo que dicen. Hasta que preguntando se llega a lo que no es homologable de un caso al otro. Hay que raspar lo común hasta que irradie lo singular.
La escena frente a un monumento que tiene inscripto en la piedra un poema del joven poeta Yun Dong-ju es el relámpago que permite entrever el secreto del método de Hong. Para el cineasta coreano, la psicología es una cuestión empírica; en la superficie de lo que se dice y se hace está todo lo que se necesita para conocer al otro y a uno mismo.
El método Hong tiene también un estilo. En números, La viajera da el siguiente resultado: tiene 47 planos, donde abundan los generales y medios y escasean los primeros planos; los zooms son 13: 9 hacia atrás y los restantes hacia adelante; es un modo de llamar la atención sobre un cambio imperceptible de lo que se dice en cuadro y al mismo tiempo modificándolo sin recurrir a un corte.
Hay algún que otro tímido desenfoque sobre la naturaleza. Hong suele rehusarse a traficar hermosura oriental, más allá de que los paisajes elegidos son visualmente placenteros.
Laura Wittner escribió en su pequeño libro sobre la traducción: “Traducir es adivinar. Al otro”. Cuando Huppert enseña el idioma de Proust a sus estudiantes particulares, demuestra la afirmación de la autora argentina.
Sin conocerse, el cineasta y la poeta participan de un secreto sin dueño desde el cual pueden más tarde iluminar la vida de sus lectores y espectadores. En esta comedia magnifica se aprende algo de lo que sucede entre las palabras y los sentimientos.
Quien no sabe decir las cosas vive a ciegas.
Para ver La viajera
Yeohaengjaui pilyo, Corea del Sur, 2024, DCP, 90’, ATP. Dirección: Hong Sang-soo. Con Isabelle Huppert y Lee Hye-young. En el cineclub Hugo del Carril hasta el miércoles.