A un director como Darren Aronofsky siempre hay que exigirle algo más que una película de fórmula, por más bien filmada que esté. Y siempre le vamos a pedir más porque, como ya demostró en otras oportunidades, es un director que puede ser considerado un “autor”, alguien capaz de salirse de la estructura pensada sólo para entretener (y para reproducir un contenido sospechoso).
En Atrapado robando, Aronofsky entrega una vertiginosa comedia de acción con gánsteres de poca monta que, desde luego, buscan hacerse con una suma inconmensurable de dinero. El protagonista es Austin Butler en el papel de Hank Thompson, un joven fanático de los Giants que, de chico, fue una promesa del béisbol, pero que ahora trabaja en un bar de mala muerte en un barrio marginal de Nueva York, a fines de los años ’90, tras haber sufrido un accidente automovilístico.
Aronofsky es muy bueno para filmar las situaciones desesperantes en las que se ve envuelto Hank, demostrando capacidad para manejar el ritmo y para no quebrar nunca la tensión (mezclada con dosis justas de comedia), mientras presenta a distintos matones que van en busca de una llave, el macguffin que va a darle sentido a la trama (de hecho, es una película de macguffin, es decir, una película que parte de una excusa insignificante para hacer avanzar la acción y justificar el conflicto).
Sin embargo, la película alcanza mayor inspiración cuando se concentra en escenas mínimas, como el encontronazo sexual entre Hank y su novia Yvonne (Zoë Kravitz), que lo cuida y le aconseja dejar el alcohol (su único vicio). Hank vive en un departamento descuidado de Brooklyn, sin saber muy bien qué rumbo darle a su vida, todavía atormentado por aquel accidente fatídico de hace unos años. Como consuelo, se comunica con su madre por teléfono para hablar de los Giants.
El problema llega cuando Russ (Matt Smith), un amigo punk de Hank, le pide que le cuide el gato mientras viaja a Londres para visitar a su padre enfermo.
Lo que no le dice es que, escondida en la arena sanitaria de la mascota, deja una llave: la misma que empezarán a buscar unos rusos impiadosos, liderados por Colorado, interpretado por el cantante Bad Bunny (acreditado con su nombre real).
También lo siguen dos judíos ortodoxos, interpretados por Liev Schreiber y Vincent D’Onofrio (casi irreconocibles bajo unas barbas tupidas), quienes protagonizan las escenas más trepidantes, donde Aronofsky da rienda suelta a su talento narrativo y a su capacidad descomunal para la violencia.
A su vez, todo esto funciona como un homenaje recargado a Después de hora (1985), de Martin Scorsese, con un guiño clarísimo: la participación de Griffin Dunne (el protagonista de aquella película) en el papel de un viejo metalero borracho y cocainómano que se lleva una de las mejores escenas: un tiroteo en un bar.
Lo mejor de la película aparece cuando se limita a ejecutar con precisión la acción, el desenfreno y el humor desvergonzado de las persecuciones, y los enredos de los que Hank tiene que zafar mientras interactúa con personajes tan delirantes como imprevisibles, como la detective Roman (Regina King).
Lo problemático es que todo termina en una exaltación del dinero, convertido en un fetiche redentor que limpia la culpa del protagonista y justifica su transformación.
Para que Aronofsky pueda ser considerado un gran director, tendría que ser capaz de ir más allá de su propio virtuosismo, de mirar por encima de la fórmula o del género que tan bien domina.
Tendría que hacer, aunque sea una vez, una película en la que el plano final deje claro que el dinero no importa. Pero, desde luego, no lo hace.
Para ver Atrapado robando
Caught Stealing, Estados Unidos, 2025. Acción, Comedia. Dirección: Darren Aronofsky. Guion: Charlie Huston. Elenco: Austin Butler, Zoë Kravitz, Regina King, Benito Martínez Ocasio, Liev Schreiber, Vincent D’Onofrio, Matt Smith, Griffin Dunne, Nikita Kukushkin, Yuri Kolokolnikov y Will Brill. Fotografía: Matthew Libatique. Música: Rob Simonsen. Duración: 107 minutos. Apta para mayores de 16 años. En cines.