El Mundo Talleres orbita en la lucha por la permanencia. Como hace mucho tiempo no pasaba. ¿De qué se trata? Veamos. Talleres ocupa hoy el puesto 28 en la Tabla Anual de la Liga Profesional y estaría yendo a un desempate con Aldosivi de Mar del Plata para no descender de manera directa.
Al cabo de la sexta fecha, suma 18 puntos, al igual que “el Tiburón”. Y, como no pesa el registro de la diferencia de gol, si hoy terminara el Clausura, debería jugarse esa final.
Talleres tiene el lugar que merece. Sin embargo, quedan 10 finales. Paradójicamente, gracias a una Liga Profesional de 30 equipos tan criticada por la gestión de la AFA de Claudio Tapia es que Talleres tiene esta posibilidad de pelear hasta el final.
Y quedan 10 partidos. Y es un reto para sus representantes. Todos admitieron su responsabilidad y culpabilidad. No alcanzó. Desde los dirigentes, hasta los jugadores. Y hasta los entrenadores lo fueron diciendo. Algunos no hablaron nunca más, como el caso del entrenador uruguayo Alexander Medina.
“Qué lástima que el título de Supercopa Internacional no cambió nada. Solo acentuó el deseo de irse para ’11 jugadores’”, según definió Fassi. El síndrome “me voy después de ser campeón”, de acuerdo con la calificación de Fassi.
Para quienes se fueron, efectivamente Talleres ya no fue prioridad. Para quienes se quedaron, no los conmovió nada. Ni el hecho de que Pablo Guiñazú hubiera hablado del vestuario. “Si pasó algo, me lo guardo”, dijo “el Cholo”. Más acá en el tiempo, el hecho fue la salida de Diego Cocca, quien se fue directamente sin debutar oficialmente.
Este contexto tiene el peso de la afrenta y la humillación para la condición del jugador. ¿No toca el orgullo? “El que no quiera estar que vaya a hablar con Fassi”, también les tiró Tevez. ¿Cuántos fueron a tocarle la puerta al presidente? En la cancha, ¿cambió algo? Poco y nada.
Sin embargo, existen estas 10 fechas. Son suficientes para revertir todo. El Mundo Talleres es grande. Como los hinchas lo demostraron al premiarlos con una pueblada en el Patio Olmos, tras el título ante River en marzo.
Quizás sean reconocidos como “héroes” aquellos que demuestren estar a la altura y sean quienes salven al equipo. Entre comillas, porque sería cumplir el objetivo de mínima para los jugadores que han tenido chances y los que la esperan.
¿O hay resignados? En el peor de los escenarios, no habrá tantos escenarios para elegir a dónde ir.
Es un reto para todos los estamentos y se debe entender como tal. Los jugadores deberán dar ese plus. La dirigencia encabezada por Fassi también conoce qué puede hacer. Hay dos cupos para incorporar jugadores. Y se sabe que no se van a pagar locuras en pases o en cláusulas de salida, es entendible. Pero si hay una inversión superadora, nadie duda de que este es un gran momento.
En el mejor de los escenarios o en el peor, habrá replanteos. Hay uno clave.
¿Qué clase de futbolista quiere jugar en Talleres? ¿Tan difícil es para esos jugadores de “jerarquía”, que salen fortunas y que se quieren ir a la primera gran oferta, a la segunda propuesta o ante un logro?
La pregunta será para los DT que le piden esos jugadores a Fassi y para el presidente, que ahora debe romper esa estructura.
¿Se volverá a la estructura de formar jugadores como Valoyes o Hincapié, que luego fueron vendidos en una fortuna? O será tiempo de abrir el juego para una mayor inserción de los jugadores propios que se han formado en inferiores, como los casos de Fernández, Schott, Alastra, Chiavassa o, hasta hace muy poco, los Barrera, Romero y otros que saben perfectamente cómo es la idiosincrasia del club y del hincha porque lo traen del semillero. ¿Hay tanta diferencia? Pregunta para la directiva.
¿Para la gente? El malestar la desborda de acuerdo con lo que se ve en la cancha. Pero se sabe que ayudará a poner el Kempes hasta las tuercas ante Riestra, Sarmiento, Belgrano, River y Platense. Es la lucha por permanecer, y hay que entenderla.