El silencio, a veces, también hace ruido. Y en Río Cuarto el estruendo llegó de la mano de un entrenador parco, serio, de gestos duros y pocas palabras, pero de ideas firmes. Iván Delfino, el técnico que jamás prometió maravillas ni humo, terminó cumpliendo el sueño máximo: llevar a Estudiantes de Río Cuarto a la Primera División. Sí, el León volvió a codearse con los grandes y lo hizo a su manera. A la manera Delfino.
Porque si algo caracterizó a este proceso fue la simpleza. Nada de lujos, nada de espejitos de colores. Un equipo corto, solidario, con poco gol pero con una convicción innegociable: que para ganar primero hay que no perder. Y así, partido a partido, con ese estilo que más de uno tildó de “aburrido”, Estudiantes se volvió un hueso duro, durísimo. Sólido atrás, áspero en el mano a mano, incómodo para cualquiera. Un rival jodido, como le gusta a Delfino.

Nombrado en noviembre del año pasado, el entrenador regresó a un lugar que ya conocía. Su primera etapa en el segundo semestre de 2023 había dejado un buen recuerdo: clasificación al Reducido y semifinales. No era casualidad. Desde aquel debut con triunfo 1-0 ante Temperley, Delfino había mostrado que su libreto podía no enamorar, pero funcionaba.
Vuelto al club después de su paso por Colón —donde dirigió 26 partidos con un 55% de efectividad—, llegó decidido a ir por algo grande. Con respaldo dirigencial de Alicio Dagatti y Ariel Dolso, empezó a armar un equipo a su medida: práctico, ordenado, consciente de sus limitaciones y fuerte en sus virtudes. Como él.
En Córdoba ya lo conocían. Su ciclo en Instituto había sido correcto desde los números, pero cuestionado desde la estética. La frase era recurrente: “no juega lindo”. Y quizá esa etiqueta lo persiguió. Pero en Río Cuarto, esta vez, esa forma fue la llave del éxito. Porque cuando la pelota quema, ganar vale más que gustar.

Aquel Delfino gruñón, que parecía caminar siempre con el ceño fruncido, guardaba detrás un tipo simple y noble. De Sunchales al cielo del ascenso. Exjugador, entrenador de mil batallas, forjado en Libertad, Juventud Antoniana, Patronato —con quien ya había ascendido en 2015—, Temperley, Instituto, Sarmiento, San Martín, Colón. Y ahora, el León.
“Conocen cómo somos y cómo trabajamos”, había dicho en su regreso, apostando a la adaptación, al tiempo, al camino largo. Y vaya si el tiempo le dio la razón.
Estudiantes volvió. Y volvió con él. Con un fútbol austero, sí. Pero efectivo. Ganador. Histórico.
El sueño ya es real. Y tiene nombre y apellido: Iván Delfino. El técnico que no solamente levantó la voz…sino que hizo rugir a un club entero.



























