Bucear en los márgenes de la literatura siempre resulta vigorizante y desorientador. La definición de los márgenes, aunque arbitraria, resulta útil para situar la existencia de obras como Extraños visitantes, de Alicia Enríquez, una excentricidad que el sello Mar de Fondo puso felizmente en circulación.
Enríquez (1917-2006) fue una escritora y profesora rural chilena, singular en su biografía y en su estilo. Publicado originalmente en 1971, Extraños visitantes reúne ocho cuentos que exigen una disposición poética por su afán de recorrer el revés del lenguaje con libertad, sin perder jamás un control minucioso del relato.
El primero de ellos, “La escalera”, arrastra inmediatamente al lector al vértigo de llegar tarde a una cita y a la angustia ante obstáculos que, como en un mal sueño, dilatan el final. Es un cuento sobresaliente en su ejecución, en la hábil construcción de un ritmo y de un escenario que suspenden cualquier afán anticipador.
En este y en el resto de los cuentos, la muerte aparece disfrazada, casi abstracta, como un asunto humano sujeto a deliberación. En “El hallazgo”, es la fosa con un centenar de cuerpos abierta en medio de la ciudad, y es la instancia de reflexión sobre la propia vida que se somete a negociación en “El hombre que permaneció”. Una muerte metafísica es la que encuentra el narrador de “La ciudad de bronce” en un sitio del que no puede salir, porque “salida” escapa al vocabulario de sus habitantes.
En “Algo en la espalda”, “Los cuervos” y en el relato de tres partes “Extraños visitantes”, los personajes habitan un lugar que no les pertenece. Son individuos que soportan la mirada de quien no los quiere ahí, de quien se arma de paciencia para lidiar con un estorbo. Son instanciaciones de pesadillas que llegan a lo insoportable, como en “Paz sin costuras”, por su roce con la realidad.
Enríquez no regala palabras, las elige y dispone con un cuidado al filo de lo perverso, aun cuando las imágenes hablen de la calma del mar y de la noche. De allí que se vuelva tan papable la escena que evoca el prólogo de esta edición, en la que el único hijo de Enríquez la veía escribiendo por la noche porque se rehusaba a dormir sin haber desarrollado la idea que la había asaltado.
Esta edición incluye, además, el prólogo de Pablo Neruda para su edición de 1971. El poeta chileno, sin haber conocido a la autora, recomendó estos “cuentos crueles” de una “escritora esencial” por su habilidad para tocar lo verdadero. De todos sus elogios más o menos grandilocuentes, el que resulta irrefutable es que aquello que Extraños visitantes abre nos perseguirá siempre.
Para leer Extraños visitantes
Alicia Enríquez
Mar de Fondo
2025
100 páginas
























